Un estudio publicado en Archivos Argentinos de Pediatría sobre conocimientos y manejo de la fiebre encontró que buena parte de las consultas de guardia por fiebre están asociadas al miedo de los padres a que la temperatura "suba demasiado" o genere convulsiones — un temor comprensible, pero que muchas veces lleva a subestimar otras señales más relevantes que el número exacto (SAP, 2020).
¿A partir de qué temperatura es fiebre?
En general, se considera fiebre una temperatura corporal de 38°C o más, medida en forma rectal o axilar (con la técnica adecuada). Por debajo de eso suele hablarse de "febrícula". El termómetro más confiable en bebés pequeños es el rectal; en chicos más grandes, el axilar suele ser suficiente para el seguimiento en casa.
Qué hacer en casa
- Ofrecer líquido con frecuencia, en tomas cortas y seguidas, para evitar la deshidratación.
- Vestir al chico con ropa liviana, sin abrigarlo de más.
- Usar antitérmicos según la dosis indicada por el pediatra según peso (no según edad), si la fiebre genera malestar.
- Controlar cómo está más allá del número: si juega, si come, si responde con normalidad.
El objetivo del antitérmico es que el chico esté más cómodo, no "bajar el número a cero": es normal que la fiebre vuelva a subir antes de la próxima dosis.
Señales de alarma: cuándo consultar sin demora
Más allá de cuántos grados marca el termómetro, estas señales justifican una consulta médica en el día, o una guardia si aparecen fuera de horario:
- Bebés menores de 3 meses con fiebre de 38°C o más: siempre requiere evaluación médica, sin esperar.
- Fiebre que se mantiene más de 3 días seguidos.
- Decaimiento marcado, dificultad para despertarlo o para conectar con el entorno.
- Dificultad para respirar, respiración agitada o quejido.
- Manchas en la piel que no desaparecen al estirar la piel (petequias).
- Rechazo total del líquido, o signos de deshidratación (boca muy seca, orina muy escasa, ausencia de lágrimas al llorar).
- Convulsión asociada a la fiebre, aunque haya cedido sola.
- Dolor localizado importante (de garganta que impide tragar, de oído, abdominal intenso).
Sobre las convulsiones febriles
Son más frecuentes de lo que se cree y, en la gran mayoría de los casos, no dejan secuelas. Aun así, ante la primera convulsión asociada a fiebre siempre corresponde una evaluación médica para confirmar que se trate de eso y no de otra causa.
Referencias
- Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) (2020). Conocimientos y manejo de la fiebre en padres de niños menores de 5 años en un hospital pediátrico. Archivos Argentinos de Pediatría, 118(2). Ver publicación
- Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Consenso para el uso adecuado de antibióticos en el niño menor de 36 meses con fiebre sin foco de infección evidente. Ver consenso
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquiera de las señales de alarma mencionadas, consultá de inmediato con un profesional de la salud o acercate a una guardia.
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